Serie: Única Día 3

Por: P. Azucena Ibarra-Simon


Nunca he sido el estereotipo curvilíneo de un cuerpo hispano, a lo largo de mi vida he recibido comentarios pasivos agresivos por ser delgada. Y por años viví acomplejada por ser delgada. Yo creo que cada década que cumplo he podido dejar más complejos atrás.


Veo atrás y no puedo dejar de pensar que ha sido pura pérdida de tiempo, ojalá no hubiera dedicado tanto tiempo de mi vida a preocuparme por eso.


Un día un pintor de murales me dijo que para apreciar una pintura o una escultura, tienes que dar unos pasos hacia atrás para admirarla como un todo. No observas solo los bordes, o ciertos colores, o te enfocas en los colores que no son tus favoritos y juzgas toda la pintura por eso. La observas detenidamente y la ves como un todo y eso es lo que la hace una obra de arte. Nadie paga una fortuna por las copias, es autenticidad lo que le da valor a la pintura o escultura.


Vivimos en una sociedad donde puedes ser descalificada por ser única, donde la copia se vuelve más popular. Donde podemos juzgarnos a nosotras mismas por algún rasgo en nuestro rostro o nuestro cuerpo que no nos gusta, y se nos olvida que somos parte de un todo, no somos ésa la piel extra en nuestra cintura. Somos la manera de mirar, somos nuestro sentido del humor, pero todo en conjunto con nuestro cuerpo.


Cuando nos empecemos a obsesionar por alguna característica de nuestro cuerpo, demos un paso atrás y observémonos todo en conjunto, como la única hermosa pieza de arte que Dios creó.



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