Serie: Única Día 2

Por: P. Karla Lozano


Si tan solo tuviera…


La duda puede hacernos sentir tan imperfectas y en un arrebato, perder lo que nos hace únicas y auténticas. Tengo un recuerdo cuando era niña; crecí hasta mis 8 años en un rancho en el cual yo disfruté mi niñez demasiado, pero justo a esa edad, mi papá por su trabajo tuvo que traernos a vivir a Tepic.


Fue un gran cambio para mí de amigos, casa y escuela. Recuerdo un día llegando a la escuela nueva; entregando mis documentos al maestro, él vio mi boleta y solo sonrió en burla y me dijo: “a ver que tan ciertas son estas calificaciones, pues vienes de un rancho y aquí no es lo mismo”. Justo en ese momento tuve esa sensación de sentirme menos que todo el grupo. Pues como él había dicho: “yo venía de un rancho”.


Esa no fue ni la primera ni la última vez que tuve ese sentir, hasta la fecha hay momentos vulnerables en mi vida donde me encuentro de nuevo como esa niña de 8 años. Batallando con una comparación, aunque lo más común ahora es que yo misma me lo haga. Y es que es tan tentador caer en el juego de la comparación y más si lo único que tienes es un celular en la mano. Si alguien es más linda, si alguien habla mejor, si tienen mejor casa, mejores hijos, si es mejor esposa o mamá. Y es tan fácil creer que hay algo que tú no tienes y a ésa persona la hace mejor.


Hay un personaje en la Biblia con el cual puedo identificarme tanto, su nombre es Eva. Todas sabemos la historia, así que solo déjame remarcarte ciertas cosas. Eva lo tenía todo, no había nada por lo cual no pudiera disfrutar. Había paz, amor, armonía...todo era tan bueno. Y ella era plena en todo eso. Pero de repente, vino una voz que le dijo: “si tan solo tuvieras lo que Él tiene, serías mejor”.


Todas sabemos de quién es esa voz. El hecho de imaginarnos en una escena en donde creemos que alguien más tiene algo mejor que nosotras, es entonces, cuando permitimos que el diablo robe la bella realidad de un presente lleno de la presencia de Dios.


El hecho de no poner su mirada en lo que ya era: amada, aceptada, hija, cubierta, bendecida, digna, aprobada, el deleite de Dios. Y también lo que Dios era para ella:

Le hizo dudar de su plenitud. Y como te mencioné al inicio, la duda de quién somos nos arrebata lo que nos hace únicas y auténticas.


No permitas que las voces de la comparación sean más fuertes y te hagan sorda a un hermoso propósito. Una vez leí que tal como soy, mostraría a Dios de una manera como nadie más lo haría. Así que, dale valor a quien tú eres- pues es la forma única de mostrarse Él, al mundo- amorosa, tierna, creativa, apasionada, servicial, etc.


Así que solo quiero terminar con una declaración que me encantaría que hagas tuya. A mí me ayuda a quitar la duda en mis peores momentos y me recuerda la plenitud en la que vivo:


“Padre, cada día quiero abrir mis ojos más a lo que tú eres para mí y yo para ti, caminar en ésa libertad de ser completamente yo, llena de ti. Disfrutar de mi propósito como tu disfrutas de verme en él, y vivir con total confianza pues fui creada por un Dios perfecto”.



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